martes, 11 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (8)

Esto no se puede comentar, solo leed...

Pasaron de largo hacia la plaza mayor mientras la noche caía sobre ellos como si quisiera rendirles tributo, con una inmensa luna y el cielo más claro que se había visto en Madrid desde que se inventara el alumbrado público.

Plaza Mayor

Cuando llegaron, vieron que Felipe III se había bajado de su pedestal y había dejado que por un día ellos fueran el centro de aquel lugar tan suyo. Completamente vacía como estaba, la plaza parecía mas grande que de costumbre. Solos los tres, la luna y nuestra querida pareja, que se sentía como si fueran los únicos habitantes de un mundo que en aquellos momentos se detenía solo para no molestar.

El viento se detuvo, reinó el silencio, la luna les miró, las estrellas se esforzaron por brillar mas que nunca, incluso algunas tuvieron la osadía de moverse veloz mente y regar el cielo de resplandecientes estelas. Nuestra dama sonrió, no recordaba haber visto una estrella fugaz en Madrid nunca. Nuestro caballero no miraba a las estrellas pues le parecía inmensamente mas bella la sonrisa de la dama.

Uno frente al otro, en aquel lugar mágico, en aquel momento mágico. Unidos ahora por las dos manos, no podían dejar de mirar el uno los ojos de otro.

En un impulso que nunca supo de donde venía, el caballero comenzó a acercar su rostro al de su bella dama… Suavemente besó su comisura en un gesto tan dulce que hizo temblar a nuestra amiga. Al separarse y mirar de nuevo sus ojos, supo lo que tenia que hacer, y esta vez sus labios se dirigieron a su cuello. Ambos con los ojos cerrados se sentían cada vez mas como si fueran uno. De nuevo separaron sus rostros y el caballero pudo ver que los ojos de la dama aun estaban cerrados, así que sin perder la oportunidad… besó su párpado.

Antes de separar los labios notó cierto gusto salado. Se apartó y vio como una pequeña gotita de felicidad se formaba y caía por su mejilla. Su mano acudió al rescate de inmediato y manteniendo la mano en su cara acercó definitivamente sus labios a los de su dama. Entraron en contacto tan suavemente que el instante se hizo eterno hasta que finalmente el beso fue un hecho… y duró hasta que el sol tuvo a bien decidir que la luna había tenido bastante protagonismo.

2 comentarios:

  1. Cierto es, no se puede comentar la belleza de la escena que describe porque te deja sin palabras... Saludos, Isa

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  2. Poco puedo comentar pues nada de lo que diga puede equiparase a la belleza de las palabras que acabo de leer ,pena que los cuentos sean solo eso cuentos...pero miento si no digo que por un momento me he trasladado a esa plaza que tanto me gusta ,sintiéndome la protagonista de esta preciosa historia...
    Gracias por arrancarme un sonrisa cada noche :)

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