miércoles, 5 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (2)

Aquí va la segunda parte del cuentecillo que parece que gusta (aunque nadie lo ponga en los comentarios!!!!!).

 foto cuento

Jugando con la identidad de nuestra desconocida dama descubrió algo interesante y es que cuanto más la miraba… menos podía dejar de mirarla. Fijaba la vista, lo más lejos que podía, y todo cuanto se mostraba ante sus ojos tenía ese atractivo tan peculiar de aquello que es tan familiar como uno mismo.

Embriagado por aquella sensación comenzó a hablar con aquella identidad, sin saber muy bien si alguien contestaría…

Nuestra desconocida amiga, desanimada por esa sensación de sentirse desubicada (que le roben a uno la identidad y no saberlo no es un plato de buen gusto, creedme), se hallaba tumbada en la cama con la mirada perdida, oliendo un incienso con olor a incienso quemado y desganada hasta para entregarse a su vicio más irresistible: los cigarros de chocolate. Los había dejado sobre la mesita del salón y levantarse se le hacía la más ardua de las tareas.

De repente sintió una voz que de lejos le hablaba. Miró a su alrededor, buscando la fuente de aquellas palabras, hasta que se dio cuenta de algo que muchos esquizofrénicos ignoran… que la voz está dentro de su cabeza. No amigos, nuestra desconocida no era esquizofrénica, era solo un ejemplo, una licencia, no seáis tan puntillosos.

Poco a poco, con el paso de los días se fue acostumbrando a esa voz que de repente se presentaba en su cabeza. De hecho, con el tiempo, aparte de escuchar esa voz y sus desvaríos, a menudo le contestaba y, siempre dentro de lo dantesco de la situación, intimaba con ella. Lo más curioso es que notaba que a la vez que ella intimaba con aquella voz… el dueño de la misma intimaba con ella. En pocos días sabía tanto de él como él de ella y de alguna forma que difícilmente alcanzaría a entender, se sentía muy a gusto con él.

Un buen día cayó en que lo que tenía era un amigo imaginario. A sus veintitantos años (no olvidemos que la dama sigue siendo desconocida) se veía muy mayor para esos escarceos con la locura, por lo que decidió que tenía que cortar su relación con aquella voz. Llegar a esa conclusión y darse cuenta de lo irrisorio de la misma fue todo uno, por lo que empezó a reírse y no termino hasta pasados dos días. Durante ese tiempo, todo el que pasaba junto a la desconocida dama, no podía evitar sonreír. Y su barrio, su ciudad y el mundo que la rodeaba fueron más felices durante dos días. Hasta el mendigo, que cada día veía a nuestra amiga pasar y recibía de ella una generosa limosna y una sonrisa, hizo su agosto y pudo retirarse a vivir en una humilde casita en una playa del sur como siempre había querido

El caballero oscuro supo lo que se sentía al sonreír cuando escuchó a la desconocida dama reírse durante dos días.

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