martes, 4 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (1)

Aquí va la primera parte de un cuentecillo que espero que dé mucho de sí:

 

Hallábase la protagonista de este cuento junto a una de sus amigas de bridge esperando pacientemente a que unos viejos trovadores les deleitaran con sus viejas canciones sobre aventuras de pobres desdichados con amigas poco recomendables y noches sin fin entregados al alcohol por desamor. No es que nuestras dos amigas jugaran al bridge pero su amistad era tan original que podían permitirse el lujo de ser amigas de bridge sin saber ni siquiera como se jugaba.

Como iba relatando antes de que mi cercanía con la frontera sueño-vigilia hiciera de las suyas, hallábase la protagonista aguardando cuando de pronto y de forma vil y cobarde, atacando por la espalda donde mas duele… un caballero oscuro le robó lo que mas quería… la identidad.

Nuestra amiga, aun sin saberlo, se encontraba en mitad de un bullicio de gente, sin identidad, sin que nadie a su alrededor, salvo su amiga de bridge, tuviera la mas mínima posibilidad de saber quien era. Si en ese momento, un simple mortal que a su lado pasara y quedase prendado de su estampa, no podría sino saber que se encontraba ante la dama sin identidad.

Al finalizar la noche, la dama sin identidad, cuyo nombre, obviamente desconocemos por ahora, sintió que algo le faltaba, pero lo achacó a que, por una noche, no se había cruzado en la escalera con Audrey. Era una costumbre que había adquirido al mudarse a aquel edificio lleno de estrellas y palomas. Aun no tenía claro si desayunaba con diamantes o le cambiaba de zapatos al tendero, pero que era Audrey… de eso estaba segura.

El caso es que se acostó sin saber que a varios kilómetros de distancia, en el valle de un río que hacía mucho había dejado de existir, el caballero oscuro, que nada tenia que ver con Christian Bale, jugaba con su identidad robada y sin saber aun que hacer con ella.

 

(... continuará)

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