Allá va nuestra pareja por el castizo rastro de Madrid. ¿que nos encontraremos?
Cuando la pieza acabó, agradecieron a la viejecita sus servicios con una generosa propina. Siguieron su camino entre los pintorescos puestos.
Un payaso salió al paso de la pareja, y sonriendo a la dama la tomó del brazo y quiso llevársela ofreciéndole una inmensa flor de colores. La dama se dejó llevar siguiendo la broma del payaso, que miró hacia atrás y al ver al caballero solo decidió que hacían buena pareja. Regaló al caballero blanco una bonita pajarita de colores, para que animara su vestuario y dio su bendición a la pareja con una estrafalaria reverencia. Se perdió entre la gente dando volteretas y riendo como un loco.
Al pasar por un puesto de juguetes, sonrieron al observar a la pequeña Scrat peleándose con el dueño del puesto de frutos secos contiguo por una inmensa bellota. El señor de los frutos secos, tenía en la mano una bellota del tamaño de su puño y pretendía convencer a Scrat de que era suya y no podía devolvérsela más que por un módico precio. De nada alía al pobre Scrat convencer al dueño del puesto de que la bellota era de peluche y como tal le pertenecía. Triste vio que no llevaba dinero encima así que volvió a su sitio sin su bellota.
La dama se acercó al puesto de frutos secos y pidió la bellota de peluche. El dueño inmediatamente se la ofreció como regalo. Nuestra amiga le dejó una propina y una sonrisa y el señor se vio más que satisfecho.
Como ya sabréis, si conocéis a la dama como yo, la bellota fue a parar a un enloquecido Scrat, que feliz por recuperar su ansiado fruto, agradeció a nuestra amiga el gesto bailando feliz sobre sus hombros. La risa de la dama de ese momento quedó grabada en la mente de todos los que la escucharon.
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