martes, 18 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (15)

Psss, no miréis, la luna se da la vuelta y vosotros queréis mirar... ¡desvergonzados!

 

Aprovechando que las estrellas habían bajado la guardia y que la luna no miraba. Comenzaron a poblar el cielo estelas luminosas que estallaron en otras mas pequeñas. Un resplandor de fuegos artificiales llenó el cielo de estrellas de colores, de formas indefinibles, de explosiones de sonoridad musical y un ritmo que se esforzaba en imitar los alocados latidos de los corazones de nuestra pareja.

No tardaron en desaparecer los obstáculos que encontraron entre sus cuerpos. Del sabor de los manjares que habían degustado, pasaron, sin apenas notarlo, al sabor de sus labios. Una dulce sensación de placer recorrió el cuerpo de ambos cuando se hallaron juntos, envueltos en suaves mantas, sin mas ropa que las caricias del otro.

Nuestra dama sonreía complacida mientras el caballero se afanaba en aprehender con sus labios cualquier sabor que el cuerpo de su amada desprendiera. Sin perder detalle, sus sentidos recorrían un mundo de suave piel morena y olor a fruta.

Las pequeñas manos de nuestra amiga, envolvían sus pequeños dedos entre el corto cabello de su caballero mientras este la regaba con sus besos.

A cada rato sus miradas se cruzaban, reconociéndose el uno en la mirada del otro, sabiendo que se hallaban cada vez mas cerca. El contacto entre la piel de ambos se hacía tan necesario que en lo que duró la noche no lo perdieron.

Lo que a continuación pasó es algo que solo nuestros amigos conocen y como tal recordarán el resto de sus vidas. Nosotros solo sabremos que una noche de Otoño fue primavera en una azotea de Madrid y que por primera vez en mucho tiempo, nuestros amigos se encontraron mas cerca del cielo.

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