Mmmmmm se prevé un momento delicioso... Aguantad hasta el final sin levantaros a la nevera a daros el atracón.
El caballero, de no se sabe dónde, comenzó a sacar platos de un aspecto exquisito y cuya fragancia por sí sola ya alimentaba. Cuando la mesa estuvo llena se sentó frente a su dama y la miró mientras ella observaba los platos, una divertida expresión de curiosidad. Ella sonreía como una niña que no sabe con cuál de los juguetes que los reyes le han traído jugar primero.
Finalmente comenzó a probar de todos y cada uno de los platos. Él solo la miraba, y cuando supo que todo era de su agrado, comenzó él a comer también, pero sin dejar de mirarla.
Los sabores mas extravagantes y deliciosos comenzaron a abrirse paso en su boca, dejando un rastro de felicidad que nunca desaparecería. Masticando poco a poco y saboreando cada alimento, la bella dama se maravillaba del placer que suponía aquellos platos para sus sentidos.
Comieron durante horas, la comida no acababa y ellos no se sentían saciados. Reían, bromeaban, jugueteaban con la comida, se daban de comer el uno al otro con la complicidad que solo los años otorga a las parejas mas afortunadas.
En un momento dado, una pequeña miga cayó sobre la mano de la dama y el caballero se apresuró a tomarla entre sus dedos. Luego fue una gotita de esa deliciosa salsa de queso la que quiso alojarse en la comisura de la boca de él y que ella no tardó en hacer suya. Poco a poco los platos fueron desapareciendo y ambos comieron y bebieron el uno del otro como si de un juego se tratase, sin que la sonrisa desapareciera de sus bocas.
Él conoció el verdadero placer culinario comiendo granitos de maíz del ombligo de su dama, ella tomando unos largos fideos orientales de la espalda de su caballero. Los besos y caricias no tardaron en llegar entre aquellos innumerables y mullidos cojines de colores.
Las estrellas cerraron los ojos y la luna mostró su cara oculta sin perder su resplandor, para conceder a la pareja la intimidad que el momento requería.
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