miércoles, 12 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (9)

Ains, ¿qué comentar después de lo ocurrido? Creo que se comenta por si sola, así que aquí os dejo con la continuación del paseo por Madrid.

 

El día les sorprendió cuando un joven camarero comenzó a poner las mesas de una terraza cercana. La gente, como si de la apertura de un bar se tratara, entendió que podía empezar a entrar a la plaza, así que poco a poco recuperó su ritmo habitual. Nadie se sorprendió cuando Felipe III llegó corriendo a ponerse en su sitio. Reconoció que se había entretenido con un delicioso bocadillo de calamares, porque eran demasiados años solo oliéndolos y era la primera oportunidad que tenia de probarlo. Ni qué decir tiene que el bar invitó al bocadillo al monarca, con una cervecita para ayudar a pasarlo, por supuesto.

Según salían de la plaza observaron los cuadros y caricaturas que los artistas comenzaban a exponer y se dieron cuenta de que todos los expositores contaban con un cuadro de la escena que esa noche había dado vida a la plaza. Además, vieron que uno de los caricaturistas había puesto un cuadro muy divertido de Felipe III comiendo un enorme bocadillo de calamares.

Sin más siguieron su camino que les devolvió a la Puerta del Sol, que de nuevo les recibió con un redoble de campanas.

La estatua de Carlos III, con aire insigne como siempre, se quitó el sombrero muy lentamente, bajó de su caballo y con voz profunda le dio los buenas días a la pareja, regalando una rosa de su propio jardín a nuestra conocida dama, que le devolvió el favor con una sonrisa como solo ella podía sonreír.

Tomaron Gran Vía hacia abajo. A su paso la turba de gente que llena siempre las aceras se apartaba. Los limpiabotas interrumpían su lustre. Un mimo pidió con la mirada a una señora que pasaba que le echara dinero en el cestillo para poder girar la cabeza conforme la pareja pasaba, cosa que la señora hizo encantada.

Las marquesinas de cines y teatros lucieron sus mejores galas. Los galanes de los carteles se mostraban mas galanes y las protagonistas intentaban lograr, sin éxito, lucir más bella que la verdadera protagonista de la escena.

Más abajo, en la Casa del Libro abría sus puertas con la promoción de la hora feliz, en la que comprando un libro, te regalaban una cita con cualquiera de sus personajes. Ese día vendieron tantos ejemplares de “Diario de una ninfómana” que la pobre chica estuvo con la agenda llena hasta verano de 2010, momento en el que ingreso en el convento de las Clarisas en Carrión de los condes, provincia de Palencia. De Chicote salieron los parroquianos, café y puro en mano para observar y dialogar sobre la retórica de una descripción que el más prolijo de los poetas habituales del bar había hecho de la escena.

A la altura de la plaza de Vázquez Mella, un grupo, todos ataviados con la bandera multicolor salió a tirar confeti al paso de la pareja.

Todos a su paso rendían tributo a la pareja a su modo. Todos excepto la Cibeles, que acurrucada a un muchacho tocado con un capirote de papel, dormitaba a la sombra de un león.

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