Un nuevo y esperanzador día para nuestra pareja... que pasará?
Apenas se hubieron vestido, salieron por la puerta, descubriendo un día sin nubes y con sol sorprendentemente cálido. Si bien la gente no les prestaba tanta atención como los días previos, un halo de felicidad les envolvía, haciendo sonreír, aparentemente sin razón, a los que les rodeaban.
Sus pasos se dirigieron al rastro en un día especial. Había menos gente que de costumbre, hasta el punto de que cualquier viandante que decidiera caminar entre los puestos no tendría que esquivar a nadie para seguir su camino.
Los puestos se hallaban repletos de oportunidades. Una gitana rubia de ojos azules presumía de que las vajillas que ofrecía aquel día, habían sido utilizadas por el mismísimo Marqués de Sade, en una cena que dio previa a una de sus muchas orgías.
En un puesto de antigüedades, atendido por un tipo con pinta de egipcio, tenía expuesto un adoquín que, según las malas lenguas, había sido robada de la nariz caída de la esfinge de Gizeh. Nuestra dama interesada en estos temas, tuvo una conversación muy interesante con aquel tipo. No obstante la pinta, el acento cerrado de aquel tipo les convenció de que de lo más al sur que podía ser, era Tarifa. Por guardar el secreto, el egipcio, como así pidió que le llamaran, le regaló a nuestra dama una pulsera que juraba había sido robada de la tumba del mismísimo Tutankamón por uno de los criados de Carter, antepasado suyo por parte de padre, añadió para dejar claro que la pinta de egipcio le venía de casta.
Junto a ellos, comenzó una viejecita, ataviada, como buena chulapa con un escotado corpiño, su pañuelo al hombro y redecilla en la cabeza, a tocar el organillo. Del viejo instrumento comenzaron a salir, no las típicas notas de chotis castizo, sino los familiares acordes de la canción que nuestro caballero había regalado a la dama.
La pareja, sin poder contenerse, se puso a bailar entre la gente. Nuestro caballero, tomando a su dama de la cintura y sin poder apartar su mirada de unos inmensos ojos negros en los que hacía tiempo se había perdido, era un hombre feliz.