martes, 25 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (21)

Un capítulo especial para un día especial... ¡¡¡FELICIDADES!!!

Tarta

De repente, la plaza entera calló. El acordeonista cambió el rictus. De la melancolía del vals, pasó a una sonrisa de oreja a oreja. Conocidos acordes salieron de su acordeón. Toda la gente que se acumulaba en la plaza comenzó a cantar todos a una la canción que todos sabían. Nuestra dama se puso todo lo roja que se puede poner una persona de tez morena. Le habían cantado muchas veces cumpleaños feliz, pero nunca una plaza entera… y menos esa plaza.

Una sonrisa maliciosa acudió a la cara del caballero blanco. La dama lo miró incrédula, sin saber cómo se había enterado. No era algo que le gustara pregonar.

- Aun me queda un poquito de magia, princesa! –dijo guiñándole un ojo.

El camarero trajo una tarta cubierta de frutas con chocolate que, como panes y peces, dieron de sí para alimentar a toda la plaza.

Durante toda la tarde la música y la fiesta llenaron la Plaza. La gente bailaba y bebía, reía y disfrutaba como nunca. Nuestra dama y el caballero hicieron lo propio hasta que comenzaba a anochecer. Las luces se prendieron y la gente comenzó a abandonar la Plaza exhausta.

Poco a poco, quedaron solos de nuevo en esa plaza. Felipe III ya no se movió y comenzaron a caminar, sin que nada mágico pasase.

domingo, 23 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (20)

Dejamos a nuestros protagonistas muy bien acompañados de una pobre niña con un problema muy serio...

 

Cuando la niña ya estaba más que consolada y su risa se unía a la de nuestra dama, aparecieron dos hombres que dijeron ser tíos de la pequeña. Uno de ellos, un tipo inmenso, la cogió en brazos subiéndola a sus hombros, lo que la niña agradeció alborozada. El otro tipo, un hombre extremadamente bajito despotricaba sobre lo fácil que era perder a un niño en un sitio como aquel. Mientras caminaba enredó su pie entre los cables de un puesto y cayó estrepitosamente. La niña rió con ganas mientras el pobre hombre trataba de desenredarse.

Continuaron andando y llegaron, como sin quererlo pero sin poder evitarlo, a la Plaza Mayor. Pese a estar llena de gente, de pintores, de músicos, de payasos, mimos y actores, la plaza conservaba el encanto que aquella noche había sido tan mágico. Se sentaron en una terraza y pidieron unas tapas para matar el gusanillo.

ViejoAcordeon

En ese momento, como salido de la nada, un caballero tocado con un gorro y con un gracioso acento francés, comenzó a tocar un vals con su acordeón. Ambos lo reconocieron: una hermosa canción de una conocida película francesa que a ambos les hizo sonreír y mirarse de forma cómplice. Junto al acordeonista, dos monos vestidos de época bailaban el vals con una gracia que para sí quisieran muchos bailarines.

La gente, encantada con la ilustre pareja, comenzó a dejar monedas en la gorra del músico, cada una de las cuales era agradecida con una ostentosa reverencia. La pareja hizo lo propio y regaló a los monos un plato de comida que fue recibida con alborozo.

sábado, 22 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (19)

Sigamos nuestro paseo...

 

Continuaron caminando entre los puestos, sin perder detalle de ninguno pero sin dejar de mirarse mutuamente, a veces de soslayo, a veces directamente. Cuando sus miradas se cruzaban no podían evitar sonreír de esa manera de la que se sonríe al principio.

rastro2

Al cabo de un rato, encontraron a una pequeña niña, morena, con dos coletas muy cortas cogidas a los lados y unos grandes ojos. La pequeña lloraba desconsoladamente sentada en un bordillo. Nuestro caballero se acercó y se sentó a un lado mientras la dama secaba las lágrimas de la pequeña con un pañuelo blanco.

La pequeña les contó, entre pucheros, que por un descuido se había tragado un pedazo de goma de borrar con la que estaba jugando. Y es que lo que la pequeña temía era que se borrara por dentro, cosa que nos consta es muy delicada y difícil de arreglar. El caballero le pidió que abriese la boca. La niña se puso seria y la abrió. El improvisado médico observo detenidamente, con toda la profesionalidad que la ocasión lo merecía, la garganta de la niña y emitió su dictamen. No había problema. El trozo tragado era demasiado pequeño. No obstante le recomendaba reposo durante un día y que ese mismo día se tomara un trozo de miga de pan para prevenir.

viernes, 21 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (18)

Allá va nuestra pareja por el castizo rastro de Madrid. ¿que nos encontraremos?

 

Cuando la pieza acabó, agradecieron a la viejecita sus servicios con una generosa propina. Siguieron su camino entre los pintorescos puestos.

Un payaso salió al paso de la pareja, y sonriendo a la dama la tomó del brazo y quiso llevársela ofreciéndole una inmensa flor de colores. La dama se dejó llevar siguiendo la broma del payaso, que miró hacia atrás y al ver al caballero solo decidió que hacían buena pareja. Regaló al caballero blanco una bonita pajarita de colores, para que animara su vestuario y dio su bendición a la pareja con una estrafalaria reverencia. Se perdió entre la gente dando volteretas y riendo como un loco.

Al pasar por un puesto de juguetes, sonrieron al observar a la pequeña Scrat peleándose con el dueño del puesto de frutos secos contiguo por una inmensa bellota. El señor de los frutos secos, tenía en la mano una bellota del tamaño de su puño y pretendía convencer a Scrat de que era suya y no podía devolvérsela más que por un módico precio. De nada alía al pobre Scrat convencer al dueño del puesto de que la bellota era de peluche y como tal le pertenecía. Triste vio que no llevaba dinero encima así que volvió a su sitio sin su bellota.

La dama se acercó al puesto de frutos secos y pidió la bellota de peluche. El dueño inmediatamente se la ofreció como regalo. Nuestra amiga le dejó una propina y una sonrisa y el señor se vio más que satisfecho.

Como ya sabréis, si conocéis a la dama como yo, la bellota fue a parar a un enloquecido Scrat, que feliz por recuperar su ansiado fruto, agradeció a nuestra amiga el gesto bailando feliz sobre sus hombros. La risa de la dama de ese momento quedó grabada en la mente de todos los que la escucharon.

jueves, 20 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (17)

Un nuevo y esperanzador día para nuestra pareja... que pasará?

 

Apenas se hubieron vestido, salieron por la puerta, descubriendo un día sin nubes y con sol sorprendentemente cálido. Si bien la gente no les prestaba tanta atención como los días previos, un halo de felicidad les envolvía, haciendo sonreír, aparentemente sin razón, a los que les rodeaban.

Sus pasos se dirigieron al rastro en un día especial. Había menos gente que de costumbre, hasta el punto de que cualquier viandante que decidiera caminar entre los puestos no tendría que esquivar a nadie para seguir su camino.

Los puestos se hallaban repletos de oportunidades. Una gitana rubia de ojos azules presumía de que las vajillas que ofrecía aquel día, habían sido utilizadas por el mismísimo Marqués de Sade, en una cena que dio previa a una de sus muchas orgías.

En un puesto de antigüedades, atendido por un tipo con pinta de egipcio, tenía expuesto un adoquín que, según las malas lenguas, había sido robada de la nariz caída de la esfinge de Gizeh. Nuestra dama interesada en estos temas, tuvo una conversación muy interesante con aquel tipo. No obstante la pinta, el acento cerrado de aquel tipo les convenció de que de lo más al sur que podía ser, era Tarifa. Por guardar el secreto, el egipcio, como así pidió que le llamaran, le regaló a nuestra dama una pulsera que juraba había sido robada de la tumba del mismísimo Tutankamón por uno de los criados de Carter, antepasado suyo por parte de padre, añadió para dejar claro que la pinta de egipcio le venía de casta.

Junto a ellos, comenzó una viejecita, ataviada, como buena chulapa con un escotado corpiño, su pañuelo al hombro y redecilla en la cabeza, a tocar el organillo. Del viejo instrumento comenzaron a salir, no las típicas notas de chotis castizo, sino los familiares acordes de la canción que nuestro caballero había regalado a la dama.

La pareja, sin poder contenerse, se puso a bailar entre la gente. Nuestro caballero, tomando a su dama de la cintura y sin poder apartar su mirada de unos inmensos ojos negros en los que hacía tiempo se había perdido, era un hombre feliz.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (16)

Ya sabéis mi filosofía, no comment.

 

Nuestra dama abrió los ojos. Una tenue luz se abría paso a través de su ventana. Se despertó como todos los días, con ganas de dormir más. De pronto un sentimiento de angustia se apoderó de ella. ¿Qué hacía ella en su cama? Lo último que recordaba era hallarse en la gloria, entre calurosas mantas y abrazada a un hombre que le había hecho pasar dos días de ensueño. ¿un sueño? ¿Todo eso fue un sueño? Abatida volvió a recostar su cabeza en la almohada, sin ganas de levantarse, y cerrando los ojos trató de dormirse y recuperar el sueño donde lo había dejado. Le era imposible dormir. Resignada abrió los ojos y se incorporó. En seguida cubrió su cuerpo desnudo con el pijama que halló a los pies de la cama. 

Abrió la persiana. Su margarita la esperaba para darle los buenos días con una sonrisa como solo las margaritas saben hacerlo. Ella sonrió y se dio la vuelta. Dispuesta a comenzar un nuevo día.

Se detuvo. Sin duda el sueño le habría jugado una mala pasada. Al darse la vuelta seguro solo vería la maceta, con apenas un esqueje y sin margarita que le diera los buenos días. Pero no, seguía allí. Sonriéndola. Agitando sus hojas con el suave rumor del viento.

Aspiró profundamente, intentando poner en orden sus ideas, pero algo se lo impidió. Un delicioso olor a bacón inundaba su habitación. Y de repente, como surgido de las tinieblas de un sueño que creía ya perdido, surgió su caballero, con una bandeja en la mano.

- Ah no señorita – dijo fingiendo un tono regañón y malhumorado. Lo hacía fatal-, no se mueva de la cama.

Sonriendo complacida volvió a la cama mientras su caballero apoyaba sobre sus rodillas la bandeja. Dos sabrosos huevos fritos y dos rodajas de crujiente bacon llenaban un pequeño plato del centro de la bandeja. A su lado, un plato más pequeño aun, con un croissant a la plancha y una pequeña tarrina de mantequilla. Y finalmente un vaso de zumo con olor a recién hecho.

Coronando la bandeja una pequeña nota manuscrita. “Gracias por tomarme de tu mano y hacerme volar”

martes, 18 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (15)

Psss, no miréis, la luna se da la vuelta y vosotros queréis mirar... ¡desvergonzados!

 

Aprovechando que las estrellas habían bajado la guardia y que la luna no miraba. Comenzaron a poblar el cielo estelas luminosas que estallaron en otras mas pequeñas. Un resplandor de fuegos artificiales llenó el cielo de estrellas de colores, de formas indefinibles, de explosiones de sonoridad musical y un ritmo que se esforzaba en imitar los alocados latidos de los corazones de nuestra pareja.

No tardaron en desaparecer los obstáculos que encontraron entre sus cuerpos. Del sabor de los manjares que habían degustado, pasaron, sin apenas notarlo, al sabor de sus labios. Una dulce sensación de placer recorrió el cuerpo de ambos cuando se hallaron juntos, envueltos en suaves mantas, sin mas ropa que las caricias del otro.

Nuestra dama sonreía complacida mientras el caballero se afanaba en aprehender con sus labios cualquier sabor que el cuerpo de su amada desprendiera. Sin perder detalle, sus sentidos recorrían un mundo de suave piel morena y olor a fruta.

Las pequeñas manos de nuestra amiga, envolvían sus pequeños dedos entre el corto cabello de su caballero mientras este la regaba con sus besos.

A cada rato sus miradas se cruzaban, reconociéndose el uno en la mirada del otro, sabiendo que se hallaban cada vez mas cerca. El contacto entre la piel de ambos se hacía tan necesario que en lo que duró la noche no lo perdieron.

Lo que a continuación pasó es algo que solo nuestros amigos conocen y como tal recordarán el resto de sus vidas. Nosotros solo sabremos que una noche de Otoño fue primavera en una azotea de Madrid y que por primera vez en mucho tiempo, nuestros amigos se encontraron mas cerca del cielo.

lunes, 17 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (14)

Mmmmmm se prevé un momento delicioso... Aguantad hasta el final sin levantaros a la nevera a daros el atracón.

 

El caballero, de no se sabe dónde, comenzó a sacar platos de un aspecto exquisito y cuya fragancia por sí sola ya alimentaba. Cuando la mesa estuvo llena se sentó frente a su dama y la miró mientras ella observaba los platos, una divertida expresión de curiosidad. Ella sonreía como una niña que no sabe con cuál de los juguetes que los reyes le han traído jugar primero.

Finalmente comenzó a probar de todos y cada uno de los platos. Él solo la miraba, y cuando supo que todo era de su agrado, comenzó él a comer también, pero sin dejar de mirarla.

Los sabores mas extravagantes y deliciosos comenzaron a abrirse paso en su boca, dejando un rastro de felicidad que nunca desaparecería. Masticando poco a poco y saboreando cada alimento, la bella dama se maravillaba del placer que suponía aquellos platos para sus sentidos.

Comieron durante horas, la comida no acababa y ellos no se sentían saciados. Reían, bromeaban, jugueteaban con la comida, se daban de comer el uno al otro con la complicidad que solo los años otorga a las parejas mas afortunadas.

En un momento dado, una pequeña miga cayó sobre la mano de la dama y el caballero se apresuró a tomarla entre sus dedos. Luego fue una gotita de esa deliciosa salsa de queso la que quiso alojarse en la comisura de la boca de él y que ella no tardó en hacer suya. Poco a poco los platos fueron desapareciendo y ambos comieron y bebieron el uno del otro como si de un juego se tratase, sin que la sonrisa desapareciera de sus bocas.

Él conoció el verdadero placer culinario comiendo granitos de maíz del ombligo de su dama, ella tomando unos largos fideos orientales de la espalda de su caballero. Los besos y caricias no tardaron en llegar entre aquellos innumerables y mullidos cojines de colores.

Las estrellas cerraron los ojos y la luna mostró su cara oculta sin perder su resplandor, para conceder a la pareja la intimidad que el momento requería.

domingo, 16 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (13)

Aquí tenemos la entrega de hoy, en un sitio tan mágico como es el cielo de Madrid

 

Llegaron a una inmensa azotea vacía. El caballero rodeó a la dama y desde su espalda vendó sus ojos con un suave pañuelo de seda.

La dama intrigada, se esforzó en concentrarse en sus otros sentidos. El oído no le decía nada en un principio. De repente comenzó a escuchar algo, suave y que llenaba sus oídos poco a poco. Conocía las notas. La primavera de Vivaldi, de una manera subliminal, comenzó a llenar su cabeza. Sonaba como si las notas no fuesen reales sino creadas en su cabeza. Al mismo tiempo, el olfato comenzó a hacer de las suyas. Un inconfundible olor a jardín llenó el ambiente, con tal variedad de aromas que le era imposible identificar lo que estaba oliendo. Abrió la boca y su gusto se llenó de una agradable sensación mentolada que refrescó su deliciosa boca. Abrió los brazos de par en par y en la yema de sus dedos comenzó a notar y a palpar lo que sus otros sentidos le insinuaban.

Su caballero le desató la venda que cayó suavemente por su rostro. En cuestión de segundos, aquella triste azotea vacía se había convertido en un jardín lleno de exóticas y aromáticas plantas. A la luz de la luna llena, todo parecía mágico, como aquellos últimos dos días.

Entre las flores, en un pequeño claro, una mesa baja, adornada con llamativos colores y dos pequeñas velas pardas con suave olor a canela les esperaba. Tomándola de la mano, el caballero la acompañó a la mesa y la sentó en un inmenso y mullido cojín con dibujos arabescos.

La dama en ese momento fue consciente de que nada había comido desde que aquel sueño empezase. Ni lo necesitaba ni había notado su ausencia, pero un simple acto como es el comer, estaba a punto de convertirse en algo mágico.

sábado, 15 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (12)

Después de un bonito concierto, observemos como sigue el paseo por las calles de Madrid... ¿por las calles? veamoslo.

 

Comenzaba a anochecer. El caballero se echó la guitarra a la espalda y cogió a su dama de la mano, en una carrera alocada y entre risas la llevó a un callejón cercano y allí aprovechó una escalera de incendios para subir al tejado de aquel edificio.

tejados

La tarde moría sobre los tejados mientras la pareja la veía agonizar sin poder dejar de observarla. Las estrellas, contentas de que aun continuara la escena regalaron a la pareja una noche clara como la de la noche anterior. La luna, aun resplandeciente, las miraba complaciente como una madre que cuida a sus pequeños.

El espectáculo que tenían enfrente era hermoso como pocos. Corría una brisa suave que apenas hacía mover el humo de las pocas chimeneas que se veían. No obstante, muchas de ellas, al observar a la pareja, comenzaron a hacer filigranas con el humo.

Una chimenea joven y alocada, aunque con mucho potencial artístico, dibujó una bandada de pájaros que rodearon a la pareja, que no paraba de sonreír mientras los miraba. Una vetusta chimenea, de las que ya no se hacen (o al menos eso presumen los dueños) quiso demostrar a la jovenzuela alocada que la experiencia es un grado, así que de un gran suspiro de humo blanco formó un inmenso dragón de dos cabezas, que lejos de asustar a nuestros amigos, los maravilló. El dragón dejó que los pajarillos de humo que por allí pululaban se posaran en su lomo y exhaló una bocanada de humo (de que otra cosa si no) formando un inmenso corazón blanco que no se movió de su sitio en 13 días, y porque una racha de viento a la que acababan de partir el corazón lo consideró una ofensa a su sufrimiento.

Ante ellos, un bosque de antenas y chimeneas se abría como inhóspito y salvaje. La luz de la luna clareaba todo de tal forma que daba a todo un tono azul pálido que creaba una atmósfera única. La pareja paseaba de tejado en tejado, saltando entre manzanas sin ningún esfuerzo. Saltando entre los mas variopintos tejados se sentían los dueños de la ciudad, y por primera vez en ese día, en la intimidad. Entre salto y salto no perdían la oportunidad de mostrar al cielo de Madrid lo que el resto de los madrileños habían observado durante el día, algo aun sin nombre que les había pillado tan de sorpresa que aun no habían despertado de ese sueño tan embriagador de los primeros besos.

viernes, 14 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (11)

Seguímos en el retiro con nuestros amigos... veamos que puede salir de un sitio como este.

 

Junto al lago, una corte de masajistas asiáticas se ofreció a relajar a nuestra pareja, que desistió amablemente. Las asiáticas, lejos de enfadarse, lo entendieron y calmaron sus ansias altruistas dando un relajante masaje de pies al pobre cartero que minutos antes había dado la buena nueva a la viejecita del puesto de golosinas.

Se acercaron al agua y observaron que, por alguna extraña razón, aquella noche, a alguien se le había ocurrido cambiar el agua, normalmente sucia, por agua del mar Caribe, tan sumamente clara que el fondo se distinguía nítidamente. Los patos, locos de contentos, organizaron un show de natación sincronizada que hizo las delicias de los niños. Durante esa misma noche, en aquel lago, había surgido un coral de colores tan llamativos y alegres que un autista que por allí pasaba pensando en sus cosas, decidió que era el momento de compartir a voz en grito con los demás los pensamientos que por tanto tiempo había guardado para sí mismo. La gente, desde entonces, se congregaba a su alrededor y le oía durante horas y siempre aplaudía a rabiar a cada arrebato de entusiasmo del orador.

Nuestros amigos bajaron todo el retiro hasta llegar a la estación de atocha. Por primera vez en años, los trenes llegaron a su hora y se fueron con puntualidad inglesa. Por primera vez en años, todos los viajeros tenían su asiento, no había manos largas ni en bolsos ni en traseros ajenos.

Subiendo por la calle Atocha, en un conocido sex-shop, los propietarios salieron a regalar a la pareja un lote surtido. De la tienda de guitarras, salió el luthier a regalar al caballero una guitarra española, con sus iniciales grabadas y con un sonido que enamoraba.

El caballero se sentó en un banco cercano y afinó la guitarra mientras la dama le miraba dulcemente. Poco a poco, acorde tras acorde, el caballero fue haciendo sonar la guitarra de una forma que nunca antes se había oído por aquel lugar. La composición, improvisada por supuesto, iba dedicada a la dama, cuyos ojos se humedecieron con el simple sonido del primer arpegio.

Cuando su caballero comenzó a cantar, los pájaros silenciaron su canto y poblaron las ramas de los árboles cercanos. Muchas parejas que por allí andaban sintieron renovado su amor de forma automática.

Nuestra dama, oyendo las palabras a ella dedicaba, no dejaba de sorprenderse con cada palabra y de cómo enlazaba con la siguiente. Las rimas se concatenaban de una forma tan ingeniosa que nuestra amiga pasaba de la incipiente lágrima a la más deliciosa de las sonrisas en cuestión de segundos. Era su canción y oírla salir de los labios que le habían hecho pasar la mejor noche de su vida le hizo sentirse afortunada.

La canción, aun sin ser perfecta, se grabó a fuego en el corazón de todos los que la escucharon y durante muchos años se preguntaron por qué no habían acabado por escucharla en radio o televisión.

jueves, 13 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (10)

Dejamos dormir a nuestra diosa favorita y seguimos nuestro paseo por Madrid con nuestra parejita...

 

Como no podía ser de otra forma, se dirigieron a la Puerta de Alcalá, que al pasar les hizo un guiño con uno de sus arcos. Junto a ella, en formación militar, haciendo pasillo a la pareja, se encontraban todos los personajes que hasta hace un momento se estaban haciendo fotos con los niños.

La pareja enfiló el pasillo mientras Winnie the Poo y un Teletubbi, abrazados, saludaban felices. Mickey Mouse y Minnie los miraban con nostalgia, recordando los viejos tiempos en los que ellos eran una pareja que empezaba. El pato Donald, que andaba algo enfurruñado porque no le habían dejado ser el primero de la formación, olvidó su enfado al ver la sonrisa de nuestra dama.

El retiro olía mejor que de costumbre. Aun no siendo la época, solo por la curiosidad, las flores habían nacido y lo inundaban todo. Las fuentes habían decidido que los chorrillos que soltaban habitualmente no eran suficientes para estar a la altura del momento, así que dibujaban filigranas en el aire creando auténticas obras de arte que la pareja supo apreciar.

Los aspersores, conchabados con las farolas, decidieron rivalizar en belleza con las fuentes. Los primeros hicieron una inmensa pantalla de agua, sobre la que las farolas proyectaron sus luces de colores, creando unos efectos tan bellos que todo el mundo estuvo de acuerdo en que había un empate técnico.

La viejecita del puesto de golosinas, ante tanto jolgorio, iba regalando piruletas a todo el que pasaba, cada una de un sabor sin repetirse ninguno. A la vuelta se cruzó con el cartero, que le dio una carta certificada de un antiguo novio que había emigrado a Australia buscando trabajo. En la carta, con la dulzura con la que tiene que escribirse a una mujer que vivía rodeada de golosinas, le decía que tras cincuenta años ahorrando había conseguido el dinero para su pasaje. La viejecita, emocionada recogió su puesto y se marchó dejando a su paso un rastro de gominolas con forma de canguro.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (9)

Ains, ¿qué comentar después de lo ocurrido? Creo que se comenta por si sola, así que aquí os dejo con la continuación del paseo por Madrid.

 

El día les sorprendió cuando un joven camarero comenzó a poner las mesas de una terraza cercana. La gente, como si de la apertura de un bar se tratara, entendió que podía empezar a entrar a la plaza, así que poco a poco recuperó su ritmo habitual. Nadie se sorprendió cuando Felipe III llegó corriendo a ponerse en su sitio. Reconoció que se había entretenido con un delicioso bocadillo de calamares, porque eran demasiados años solo oliéndolos y era la primera oportunidad que tenia de probarlo. Ni qué decir tiene que el bar invitó al bocadillo al monarca, con una cervecita para ayudar a pasarlo, por supuesto.

Según salían de la plaza observaron los cuadros y caricaturas que los artistas comenzaban a exponer y se dieron cuenta de que todos los expositores contaban con un cuadro de la escena que esa noche había dado vida a la plaza. Además, vieron que uno de los caricaturistas había puesto un cuadro muy divertido de Felipe III comiendo un enorme bocadillo de calamares.

Sin más siguieron su camino que les devolvió a la Puerta del Sol, que de nuevo les recibió con un redoble de campanas.

La estatua de Carlos III, con aire insigne como siempre, se quitó el sombrero muy lentamente, bajó de su caballo y con voz profunda le dio los buenas días a la pareja, regalando una rosa de su propio jardín a nuestra conocida dama, que le devolvió el favor con una sonrisa como solo ella podía sonreír.

Tomaron Gran Vía hacia abajo. A su paso la turba de gente que llena siempre las aceras se apartaba. Los limpiabotas interrumpían su lustre. Un mimo pidió con la mirada a una señora que pasaba que le echara dinero en el cestillo para poder girar la cabeza conforme la pareja pasaba, cosa que la señora hizo encantada.

Las marquesinas de cines y teatros lucieron sus mejores galas. Los galanes de los carteles se mostraban mas galanes y las protagonistas intentaban lograr, sin éxito, lucir más bella que la verdadera protagonista de la escena.

Más abajo, en la Casa del Libro abría sus puertas con la promoción de la hora feliz, en la que comprando un libro, te regalaban una cita con cualquiera de sus personajes. Ese día vendieron tantos ejemplares de “Diario de una ninfómana” que la pobre chica estuvo con la agenda llena hasta verano de 2010, momento en el que ingreso en el convento de las Clarisas en Carrión de los condes, provincia de Palencia. De Chicote salieron los parroquianos, café y puro en mano para observar y dialogar sobre la retórica de una descripción que el más prolijo de los poetas habituales del bar había hecho de la escena.

A la altura de la plaza de Vázquez Mella, un grupo, todos ataviados con la bandera multicolor salió a tirar confeti al paso de la pareja.

Todos a su paso rendían tributo a la pareja a su modo. Todos excepto la Cibeles, que acurrucada a un muchacho tocado con un capirote de papel, dormitaba a la sombra de un león.

martes, 11 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (8)

Esto no se puede comentar, solo leed...

Pasaron de largo hacia la plaza mayor mientras la noche caía sobre ellos como si quisiera rendirles tributo, con una inmensa luna y el cielo más claro que se había visto en Madrid desde que se inventara el alumbrado público.

Plaza Mayor

Cuando llegaron, vieron que Felipe III se había bajado de su pedestal y había dejado que por un día ellos fueran el centro de aquel lugar tan suyo. Completamente vacía como estaba, la plaza parecía mas grande que de costumbre. Solos los tres, la luna y nuestra querida pareja, que se sentía como si fueran los únicos habitantes de un mundo que en aquellos momentos se detenía solo para no molestar.

El viento se detuvo, reinó el silencio, la luna les miró, las estrellas se esforzaron por brillar mas que nunca, incluso algunas tuvieron la osadía de moverse veloz mente y regar el cielo de resplandecientes estelas. Nuestra dama sonrió, no recordaba haber visto una estrella fugaz en Madrid nunca. Nuestro caballero no miraba a las estrellas pues le parecía inmensamente mas bella la sonrisa de la dama.

Uno frente al otro, en aquel lugar mágico, en aquel momento mágico. Unidos ahora por las dos manos, no podían dejar de mirar el uno los ojos de otro.

En un impulso que nunca supo de donde venía, el caballero comenzó a acercar su rostro al de su bella dama… Suavemente besó su comisura en un gesto tan dulce que hizo temblar a nuestra amiga. Al separarse y mirar de nuevo sus ojos, supo lo que tenia que hacer, y esta vez sus labios se dirigieron a su cuello. Ambos con los ojos cerrados se sentían cada vez mas como si fueran uno. De nuevo separaron sus rostros y el caballero pudo ver que los ojos de la dama aun estaban cerrados, así que sin perder la oportunidad… besó su párpado.

Antes de separar los labios notó cierto gusto salado. Se apartó y vio como una pequeña gotita de felicidad se formaba y caía por su mejilla. Su mano acudió al rescate de inmediato y manteniendo la mano en su cara acercó definitivamente sus labios a los de su dama. Entraron en contacto tan suavemente que el instante se hizo eterno hasta que finalmente el beso fue un hecho… y duró hasta que el sol tuvo a bien decidir que la luna había tenido bastante protagonismo.

lunes, 10 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (7)

Una vez juntos que pasará? pues aquí os dejo la continuación del cuento...

 

Pero los momentos se acaban, por mucho que ellos quisieran perpetuarlo. Lo que no sabían es que a esos momentos le seguirían muchos mas, pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.

La conocida dama y el caballero blanco no pudieron soltarse la mano en un buen rato, así que de esta forma comenzaron a andar por las calles y barrios de Madrid. Según daban los primeros pasos ambos sentían que la ciudad era suya, y de alguna forma así fue las siguientes horas.

Sin haberse dado cuenta de haber andado nada se encontraban ya en el Paseo del Prado, como buen día de otoño, cubierto de hojas que se crujían de un modo encantador al pisarla. O al menos eso pensaba nuestro caballero blanco, porque aquel día todo le estaba empezando a parecer encantador.

Los japoneses por primera vez, se asomaron detrás de sus cámaras y miraron a la pareja caminar por la inmensa acera, los franceses mas chovinistas reconocieron que había algo mejor que su Louvre y su París. Las estatuas de Goya, Velázquez y Murillo voltearon sus cabezas según pasaba la pareja y maldijeron no haber podido contar con esa escena para sus cuadros.

La calle Huertas se abrió ante ellos y las letras comenzaron a bailar por el suelo, formando entre ellas frases y poemas que jamás se repetirían. En la plaza Santa Ana, Lorca les dedicó unos pequeños versos que la pareja recibió con entusiasmo. La puerta del sol se empeñó en doblar las campanas como si de Nochevieja se tratara. La ciudad era suya, pero aun no sabían hasta que punto.

domingo, 9 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (6)

Ya sabéis donde lo dejamos... mejor no comentar mucho, podemos romper el mágico momento.

 

Nuestro caballero blanco se encontraba en una situación en la que jamás se había encontrado. Tenía a su dama delante, a su princesa, con la que había tenido mil conversaciones mientras ambos cerraban los ojos, con la que había averiguado que las mujeres de tez morena pueden ponerse coloradas… y un largo etcétera con el que sé que vuestra paciencia alcanzaría su límite.

manos

La mano, que segundos antes sostenía la identidad de la muchacha se hallaba ahora en una situación en la que nunca antes se había encontrado. Sus dedos, largos y hábiles se hallaban enlazados con otros pequeños y de una suavidad que jamás antes había notado. Nuestro amigo se dio cuenta de que no sabía que hacer, así que dejó que su instinto le guiara y poco a poco su mano se fue cerrando entorno a las pequeñas manos de su dama.

Ella, al cabo de unos interminables segundos se dio cuenta de que llevaba demasiado tiempo conteniendo el aliento así que lo soltó en un interminable suspiro que alcanzó a su caballero en pleno rostro. Aunque ella no lo supo entonces, apenas unos hilillos de ese suspiro no alcanzaron a nuestro caballero y se perdieron en la inmensidad de aquella plaza, dejando a su rastro un pequeño hálito de felicidad que hacía sonreír a todo el que pasaba por allí.

Mientras nuestra conocida dama exhalaba aquel interminable suspiro, nuestro caballero se encontró de bruces con la felicidad más absoluta y quiso que ese suspiro no acabara. Pero desgraciadamente acabó. Eso sí, desde entonces, cada suspiro que su princesa exhalaba ante él, procuraba atraparlo para así revivir de una manera lo más fiel posible, un momento a todas luces irrepetible.

sábado, 8 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (5)

Llega el momento... seguimos con nuestro relato cuando nuestra pareja se habían encontrado por primera vez... un momento tan mágico requiere toda vuestra atención, así que no os molestaré mientras lo leéis.

La vida comenzó de nuevo en aquella plaza cuando nuestros amigos se sonrieron. Sin venir a cuento y sin que a ninguno de los dos les extrañara, una pernera del pantalón de nuestro caballero oscuro se tornó blanca. Él jamás la había visto sonreír directamente, ella jamás había visto una sonrisa tan sincera como la de él. Sus miradas estuvieron atrapadas la una en la otra durante más tiempo del que ambos pudieron calcular. Finalmente y sin perder esa conexión se fueron acercando poco a poco.

palomas

Aunque no lo supieran, toda la plaza estaba pendiente de ellos. Una anciana que se había estado dedicando a dar de comer a las palomas se quedó con las migajas en la mano. Las palomas indignadas iban a proceder a castigar semejante desplante cuando vieron a la pareja y se quedaron mirándola también , de dos en dos como sus primas las tórtolas a las que apenas visitaban. Los muñecos rojo y verde del semáforo, por primera vez aparecieron al mismo tiempo porque ninguno de los dos quería perder detalle. Los conductores y peatones, lejos de extrañarse por semejante hecho miraban también a nuestros dos amigos. El viento decidía en ese preciso momento no soplar para que nada perturbara la escena y se posó junto a un puesto de flores. Desde ese día todos decían que el viento de aquella plaza tenía un olor especial.

A cada paso que les acercaba la identidad de la muchacha iba tomando posesión de ella y el traje oscuro del caballero se volvía por partes blanco. Una fina melodía fue surgiendo de la nada. No era otra cosa que la banda sonora aun sin componer de una película que aun no se había rodado, pero que tendría gran éxito y ganaría muchos premios desde Los Ángeles a Venecia, incluyendo el Oscar la banda sonora que en esos momentos regalaba los oídos de todo aquel que se encontraba en aquella plaza.

Cuando se encontraban a escasos metros, la dama se encontraba casi conocida y el caballero tenía un traje que se asemejaba a un tablero de ajedrez. En ese momento, de todas las ventanas comenzaron a surgir las cabezas de las vecinas, que, al oír una melodía tan sumamente deliciosa, no pudieron evitar curiosear para saber de donde venía. Se quedaron con las ganas de saberlo (no olvidéis que la música surgía de la nada), pero no perdieron ocasión de curiosear, que no cotillear pues ellas no eran de las que cotilleaban.

Finalmente nuestros amigos, después de aventuras y desventuras durante los últimos días… se unieron. Nuestra desconocida dama dejó de ser desconocida y nuestro caballero oscuro vestía un impecable traje blanco. Sus sonrías coexistían casi en el mismo espacio, separadas apenas por unos centímetros.

viernes, 7 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (4)

Seguimos con la tierna historia de nuestro caballero casi oscuro y nuestra desconocida dama.

 

Nuestra desconocida dama dejó de reírse cuando comprendió que en el fondo no era un amigo imaginario, pues mientras reía había visto por casualidad a un tipo vestido todo de negro con un calcetín blanco y riéndose como quien ríe la primera vez. Pero lo que la convenció no fue este hecho, pues hay muchos despistados. Lo que la dejó helada fue ver lo que tenía en la mano aquel tipo. No le preguntéis como, no sabrá contestar, pero supo que aquello q sostenía en la mano era su propia identidad. Se quedó tan seca que dejó de moverse, el mundo dejó de girar, aquel tipo tan extraño dejó de sonreír, las palomas dejaron de bombardear a los necios con sus deposiciones, los girasoles dieron la espalda al sol, los cantautores olvidaron las letras de sus canciones y sus guitarras sonaban al revés.

Nuestro caballero casi oscuro compartió el frío de la identidad q sostenía en su mano y sintió un fuerte tirón… Notaba como tiraban de ella con una fuerza que solo podía provenir de la propietaria. ¿Tan cerca estaba? Volteó la vista y la vio, cogiendo su bolso con ambas manos, tensa como si hubiera visto un fantasma, asustada como el niño que con nocturnidad y alevosía se cuela en el salón para ver por primera vez una película de la Hammer.

A pesar de la situación, a pesar de encontrarla en ese estado semicatatónico, nuestro caballero casi oscuro recuperó la sonrisa. Pero ya no era esa sonrisa de quien sonríe por primera vez, era la sonrisa de quien por primera vez tiene verdaderos motivos para sonreír y lo hace con una calidez propia de una velada junto a una inmensa chimenea mientras los copos de nieve golpean contra las ventanas.

Nuestra desconocida dama, tiraba con todas sus fuerzas, con todo el espíritu que le quedaba cuando vio al captor de su identidad mirándola y sonriéndola como nadie antes lo había hecho. No pudo dejar de sonreír y todo volvió a su estado natural.

jueves, 6 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (3)

Un nuevo capítulo de nuestro cuento. Dejamos al caballero oscuro sonriendo por primera vez en su oscura vida....

 

El caballero oscuro supo lo que se sentía al sonreír cuando escuchó a la desconocida dama reírse durante dos días. Desde que había comenzado a hablar con aquella dama, y aunque no quisiera reconocerlo su vida había cambiado. La neblina que siempre le rodeaba, la oscuridad que se cernía siempre sobre su espíritu había comenzado a dejar resquicios abiertos por los que pasaba una sonrisa, una frase agradable e incluso algún beso de la desconocida dama.

En el fondo la echó de menos durante los dos días que duró la interminable risa de nuestra desconocida amiga. No obstante, desde la primera carcajada todo cambió. Comenzó a sonreír y su mundo cambió por completo. Supo lo que significara que el sol se posara sobre su piel, que sus ojos se cerraran por la cegadora luz del mediodía. En un primer momento intentó paliarlo vendándose los ojos, pero tras el primer golpe supo que no era la solución. Era un hombre muy perspicaz.

Una tierna viejecita, cuando le vio tan apurado le regaló sus rayban. Que es lo que hacía una tierna viejecita con unas rayban ultimo modelo nadie jamás lo supo, pero a nuestro caballero no tan oscuro le vinieron bien para poder ver mejor el sorprendente mundo que se abría ante sus ojos.

El parque que había junto a su casa lucía de un color que jamás había visto… de hecho cuando lo vio se dio cuenta de que no había visto nunca ningún color. A través de la niebla que permanente le cubría desde que era un caballero oscuro, solo le llevaban insulsos tonos grises. Ahora, gracias a la risa de su desconocida víctima… podía disfrutar de la variedad de colores que la naturaleza le regalaba. Verde del césped, amarillo de las flores, fucsia del traje y corbata de un caballero que de rodillas solicitaba la mano a su enamorada, una dama muy maquillada y vestida con un llamativo vestido naranja que, haciéndose la sorprendida le decía que sí. En un gesto de coquetería parpadeo de una manera exagerada, con unas inmensas pestañas que levantaron tal ventolera que el peluquín del pobre pretendiente recorrió tres manzanas. El caballero no tan oscuro río a carcajadas viendo al pobre señor persiguiendo su peluquín mientras su ya prometida gritaba con una voz asombrosamente aguda.

Al continuar caminando se dio cuenta de que uno de sus calcetines, otrora oscuro, se había tornado blanco como la nieve mas blanca del monte bianco.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (2)

Aquí va la segunda parte del cuentecillo que parece que gusta (aunque nadie lo ponga en los comentarios!!!!!).

 foto cuento

Jugando con la identidad de nuestra desconocida dama descubrió algo interesante y es que cuanto más la miraba… menos podía dejar de mirarla. Fijaba la vista, lo más lejos que podía, y todo cuanto se mostraba ante sus ojos tenía ese atractivo tan peculiar de aquello que es tan familiar como uno mismo.

Embriagado por aquella sensación comenzó a hablar con aquella identidad, sin saber muy bien si alguien contestaría…

Nuestra desconocida amiga, desanimada por esa sensación de sentirse desubicada (que le roben a uno la identidad y no saberlo no es un plato de buen gusto, creedme), se hallaba tumbada en la cama con la mirada perdida, oliendo un incienso con olor a incienso quemado y desganada hasta para entregarse a su vicio más irresistible: los cigarros de chocolate. Los había dejado sobre la mesita del salón y levantarse se le hacía la más ardua de las tareas.

De repente sintió una voz que de lejos le hablaba. Miró a su alrededor, buscando la fuente de aquellas palabras, hasta que se dio cuenta de algo que muchos esquizofrénicos ignoran… que la voz está dentro de su cabeza. No amigos, nuestra desconocida no era esquizofrénica, era solo un ejemplo, una licencia, no seáis tan puntillosos.

Poco a poco, con el paso de los días se fue acostumbrando a esa voz que de repente se presentaba en su cabeza. De hecho, con el tiempo, aparte de escuchar esa voz y sus desvaríos, a menudo le contestaba y, siempre dentro de lo dantesco de la situación, intimaba con ella. Lo más curioso es que notaba que a la vez que ella intimaba con aquella voz… el dueño de la misma intimaba con ella. En pocos días sabía tanto de él como él de ella y de alguna forma que difícilmente alcanzaría a entender, se sentía muy a gusto con él.

Un buen día cayó en que lo que tenía era un amigo imaginario. A sus veintitantos años (no olvidemos que la dama sigue siendo desconocida) se veía muy mayor para esos escarceos con la locura, por lo que decidió que tenía que cortar su relación con aquella voz. Llegar a esa conclusión y darse cuenta de lo irrisorio de la misma fue todo uno, por lo que empezó a reírse y no termino hasta pasados dos días. Durante ese tiempo, todo el que pasaba junto a la desconocida dama, no podía evitar sonreír. Y su barrio, su ciudad y el mundo que la rodeaba fueron más felices durante dos días. Hasta el mendigo, que cada día veía a nuestra amiga pasar y recibía de ella una generosa limosna y una sonrisa, hizo su agosto y pudo retirarse a vivir en una humilde casita en una playa del sur como siempre había querido

El caballero oscuro supo lo que se sentía al sonreír cuando escuchó a la desconocida dama reírse durante dos días.

martes, 4 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (1)

Aquí va la primera parte de un cuentecillo que espero que dé mucho de sí:

 

Hallábase la protagonista de este cuento junto a una de sus amigas de bridge esperando pacientemente a que unos viejos trovadores les deleitaran con sus viejas canciones sobre aventuras de pobres desdichados con amigas poco recomendables y noches sin fin entregados al alcohol por desamor. No es que nuestras dos amigas jugaran al bridge pero su amistad era tan original que podían permitirse el lujo de ser amigas de bridge sin saber ni siquiera como se jugaba.

Como iba relatando antes de que mi cercanía con la frontera sueño-vigilia hiciera de las suyas, hallábase la protagonista aguardando cuando de pronto y de forma vil y cobarde, atacando por la espalda donde mas duele… un caballero oscuro le robó lo que mas quería… la identidad.

Nuestra amiga, aun sin saberlo, se encontraba en mitad de un bullicio de gente, sin identidad, sin que nadie a su alrededor, salvo su amiga de bridge, tuviera la mas mínima posibilidad de saber quien era. Si en ese momento, un simple mortal que a su lado pasara y quedase prendado de su estampa, no podría sino saber que se encontraba ante la dama sin identidad.

Al finalizar la noche, la dama sin identidad, cuyo nombre, obviamente desconocemos por ahora, sintió que algo le faltaba, pero lo achacó a que, por una noche, no se había cruzado en la escalera con Audrey. Era una costumbre que había adquirido al mudarse a aquel edificio lleno de estrellas y palomas. Aun no tenía claro si desayunaba con diamantes o le cambiaba de zapatos al tendero, pero que era Audrey… de eso estaba segura.

El caso es que se acostó sin saber que a varios kilómetros de distancia, en el valle de un río que hacía mucho había dejado de existir, el caballero oscuro, que nada tenia que ver con Christian Bale, jugaba con su identidad robada y sin saber aun que hacer con ella.

 

(... continuará)

lunes, 3 de noviembre de 2008

Deprisa...

Esta es la historia de un pobre españolito que un buen día escribió una historia corta y bastante rayante... y que por culpa del maldito corralito se quedó con las ganas. Sí señores... un servidor tenia un cuento que en la página de una editorial argentina, fue el mas votado de un total de 300 relatos... con lo cual, con los 20 primeros, merecía ser publicado en un volumen. Pero entonces la crisis argentina hizo estragos y la editorial acabó quebrando y con ella mis ilusiones de que un relato mío fuera publicado... de momento. Bueno pues allá va, espero que os guste... y que me dejéis comentarios!!!!!!!

Deprisa!
Irene abrió los ojos. Una expresión de miedo apareció en su cara. No lo podía creer. Histérica se levantó de un salto. Se vistió como pudo, apenas se había abrochado el pantalón cuando ya había salido de su habitación. Corrió por el pasillo y abrió la puerta de la calle. Sintió el suelo frío. Se miró los pies y vio que los tenía desnudos. Corrió a su habitación y se puso las zapatillas. Se las abrocho rápidamente con un nudo que no aguantaría mucho. Ni se fijó. Abrió la puerta y, esta vez sí, salió. Bajó las escaleras saltando los cinco últimos escalones de cada tramo.
Cuando salió a la calle miró a su alrededor. A las seis de la mañana aun no había nadie. Comenzó a correr a toda velocidad, las piernas no le daban para más. Los músculos de los muslos le tiraban y los gemelos se le estaban cargando.
Llegó a una enorme avenida y la cruzó corriendo, a punto de ser atropellada por uno de los tres coches que pasaban por allí. Cayó al suelo, pero no tardó en levantarse de nuevo y seguir corriendo. Las plantas de los pies le dolían porque al ir cuesta abajo, los pies golpeaban demasiado fuerte el suelo. Miró a la derecha y observó la marquesina del cine. No le dio tiempo a mirar ningún título, volvió la cabeza al frente pero era demasiado tarde. El cubo de basura cayó causando un gran estruendo. Al abrirse, los residuos se esparcieron por la acera, formando una nauseabunda capa sobre la que Irene cayó, manchándose la ropa. Sin ni siquiera mirarse las manchas se levantó y siguió corriendo. El temor se incrementó y subió el ritmo. Le dolían las piernas pero no podía parar. No, ahora no. Comenzó a llorar. Las lágrimas se acumularon en sus ojos empañándole la vista. Se llevó las manos a la cara para secarse las lágrimas, pero lo único que consiguió fue mancharse los ojos con un líquido repugnante que prefirió no identificar . Siguió corriendo casi sin vista. El dolor de las piernas era ya insoportable. Sabía que si seguía corriendo llegaría un momento en que sus piernas no responderían. Según iba corriendo, sentía que debía correr aún mas rápido. De repente pisó un bordillo y su tobillo se torció de una manera exagerada. Cayó al suelo, dándose un golpe en la boca. Los dientes cedieron un poco pero no llegaron a caerse. Intentó levantarse, apoyándose sin darse cuenta en el tobillo dañado. Cayó de nuevo. Las piernas le latían con fuerza, pero el tobillo aún más. En pocos segundos se había hinchado enormemente.
A duras penas consiguió levantarse. Con el tobillo hinchado y sangrando abundantemente la boca manchando de sangre su camiseta preferida. Se llevó a la boca y se tocó los dientes. Si, seguían todos allí, pero se movían demasiado. Escupió. Vio como caía al suelo una enorme gota de sangre. Comenzó a andar, cada vez mas deprisa. El tobillo sufría con cada paso. Comenzó a correr, todo lo deprisa que su pie le permitía. Miraba al suelo, viendo su tobillo hinchado cada vez más, como resistía cada movimiento, viendo caer una mezcla de saliva y sangre que caía sobre sus pantalones. Cuando quiso levantar la vista, era demasiado tarde para esquivar al hombre que caminaba hacia ella y que tampoco había podido evitar el choque.
Los dos cayeron al suelo. Irene, tumbada boca arriba se puso a llorar. El hombre se levantó y miró a Irene. Una expresión de estupor se dibujo en su cara. Pero no era para menos. El aspecto de Irene era patético. Tenía un tobillo extraordinariamente hinchado que sobresalía por encima de su zapatilla. Tenía la ropa manchada de basura. Sus pantalones estaban rotos a la altura de la rodilla, dejando ver una escandalosa herida que rezumaba sangre. Su camiseta repleta de basura y sangre también estaba rota. El cuello se había abierto dejando al descubierto un hombro. La cara era lo peor. Tenía la boca hinchada, de la que manaba sangre en abundancia que no podía controlar al tener completamente inutilizados los labios. Tenía la cara llena de rasguños. No tenían importancia, excepto uno en la frente que había sido mas profundo que los demás. La sangre de este corte goteaba hasta las cejas y resbalaba por su ojo originando que Irene viera todo tras una cortina roja. La mezcla de sangre y basura hacía que la cara de Irene, aparte de irreconocible fuera nauseabunda.
El hombre, ya anciano tuvo que apartar la mirada.
- Pero... ¿qué te ha pasado? -dijo mirándola por fin- ¿por qué corrías? ¿Huyes de alguien?
Irene se incorporó. Sentada, miró a su alrededor. La calle aún vacía, iluminada por unas pocas farolas, le parecía cada vez mayor. Miró al viejo a la cara. Tenía una gran barba blanca. Lo miró extrañada. Echó de nuevo una ojeada a su alrededor. Se miró la ropa, las rodillas, el tobillo. Se tocó la boca, lo que le causó un gran escozor. Se quedó pensativa.
-¿Por qué corrías?
Irene comenzó a reír. Era una risa nerviosa, casi histérica. De repente, y tan rápida como comenzó, la risa terminó. Una profunda seriedad, con mirada pensativa contrastó con las carcajadas que segundos antes habían roto el silencio. Miró al viejo.
-No lo se -contestó con la mirada perdida, casi en un susurro-.

 

- THE END -

PD: lo dicho, espero comentarios

sábado, 1 de noviembre de 2008

En todas partes cuecen habas

Siii, ya estoy aqui. Y la bella Italia me ha recibido con su aire mas activista y contestatario... No a mí obviamente. Sino a quien tiene que hacerlo a un mafiosete que disimula muy mal su condición. Il bello Berlusconi, apelativo tan falso como su cabellera, está destruyendo la educación en Italia al mas puro estílo Espe. Mamma mía que miedo me da que la susodicha llegue a la presidencia del gobierno, porque me veo en el mismo estado en el que está Italia en estos momentos.

Entremos en materia. El querido amigo Berlusconi ha presentado (y aprobado) una ley de educación que aplasta la educación pública de una forma dantesca. Todo esto aun está por confirmar, pero como me fío de las fuentes, allá va. Para empezar, la educación primaria, que aquí se imparte entre los 7 y los 12 años (a falta de confirmar por mis fuentes) será impartida únicamente hasta las 12 del mediodía, si los sufridos padres quieren que sus hijos sigan bajo el auspicio de los también sufridos profesores, deberán pagar... Increíble.

Algo también muy preocupante, es que la norma aprobada permite la privatización de las ya caras universidades públicas. Actualmente, para cursar una carrera humanística, la cantidad anual que abona un estudiante universitario italiano de medicina suele rondar los 1800€, ¿que ocurrirá cuando la privaticen? Que el sistema acabará pareciéndose al de los Estados Unidos, es decir, que o bien eres un portento intelectual para gozar de una de las escasas becas o bien eres un portento físico y tienes una beca para jugar en algún equipo universitario... con lo cual el intelecto contará bien poco.

Así que con este percal, con los estudiantes haciendo verdaderas sentadas, durmiendo en sus respectivos centros y manifestandose de forma masiva, he llegado yo a Italia...

¿a ninguno de los españoles que lea esto les suena algo este procedimiento? Venga, que he dado una pista jeje. Pues si, nuestra querida "lideresa" Espe está haciendo prácticamente lo mismo con la sanidad madrileña y miedo me da cuando su mano toque la educación. Y pánico que llegue a gobernar el Estado. Zapatitos, espabila muchacho, que te están dando por todos lados.

Bueno, lo dejo que me enciendo. Como siempre, se admiten comentarios del color que sean...

martes, 28 de octubre de 2008

Mis primeros pasos

Un nuevo tiempo comienza, un nuevo blog. Pretensiones ninguna, ganas todas... así se empieza siempre ¿no? Tengo la intención de escribir a menudo, aunque del dicho al hecho suele haber un graaaaaaan trecho, procuraré recorrerlo con ayuda de todos los que, con el tiempo, añadan este blog a sus favoritos y vayan dejando comentarios.

Aquí iré depositando experiencias personales, mis cabreos con el mundo, mis ganas de dejar algo escrito y algún que otro aborto de esos momentos creativos que todos tenemos alguna vez.

Bueno, como declaración de intenciones no está mal... para empezar, poco a poco esto irá tomando forma, veremos cual.