martes, 25 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (21)

Un capítulo especial para un día especial... ¡¡¡FELICIDADES!!!

Tarta

De repente, la plaza entera calló. El acordeonista cambió el rictus. De la melancolía del vals, pasó a una sonrisa de oreja a oreja. Conocidos acordes salieron de su acordeón. Toda la gente que se acumulaba en la plaza comenzó a cantar todos a una la canción que todos sabían. Nuestra dama se puso todo lo roja que se puede poner una persona de tez morena. Le habían cantado muchas veces cumpleaños feliz, pero nunca una plaza entera… y menos esa plaza.

Una sonrisa maliciosa acudió a la cara del caballero blanco. La dama lo miró incrédula, sin saber cómo se había enterado. No era algo que le gustara pregonar.

- Aun me queda un poquito de magia, princesa! –dijo guiñándole un ojo.

El camarero trajo una tarta cubierta de frutas con chocolate que, como panes y peces, dieron de sí para alimentar a toda la plaza.

Durante toda la tarde la música y la fiesta llenaron la Plaza. La gente bailaba y bebía, reía y disfrutaba como nunca. Nuestra dama y el caballero hicieron lo propio hasta que comenzaba a anochecer. Las luces se prendieron y la gente comenzó a abandonar la Plaza exhausta.

Poco a poco, quedaron solos de nuevo en esa plaza. Felipe III ya no se movió y comenzaron a caminar, sin que nada mágico pasase.

No hay comentarios:

Publicar un comentario