sábado, 8 de noviembre de 2008

La dama sin identidad (5)

Llega el momento... seguimos con nuestro relato cuando nuestra pareja se habían encontrado por primera vez... un momento tan mágico requiere toda vuestra atención, así que no os molestaré mientras lo leéis.

La vida comenzó de nuevo en aquella plaza cuando nuestros amigos se sonrieron. Sin venir a cuento y sin que a ninguno de los dos les extrañara, una pernera del pantalón de nuestro caballero oscuro se tornó blanca. Él jamás la había visto sonreír directamente, ella jamás había visto una sonrisa tan sincera como la de él. Sus miradas estuvieron atrapadas la una en la otra durante más tiempo del que ambos pudieron calcular. Finalmente y sin perder esa conexión se fueron acercando poco a poco.

palomas

Aunque no lo supieran, toda la plaza estaba pendiente de ellos. Una anciana que se había estado dedicando a dar de comer a las palomas se quedó con las migajas en la mano. Las palomas indignadas iban a proceder a castigar semejante desplante cuando vieron a la pareja y se quedaron mirándola también , de dos en dos como sus primas las tórtolas a las que apenas visitaban. Los muñecos rojo y verde del semáforo, por primera vez aparecieron al mismo tiempo porque ninguno de los dos quería perder detalle. Los conductores y peatones, lejos de extrañarse por semejante hecho miraban también a nuestros dos amigos. El viento decidía en ese preciso momento no soplar para que nada perturbara la escena y se posó junto a un puesto de flores. Desde ese día todos decían que el viento de aquella plaza tenía un olor especial.

A cada paso que les acercaba la identidad de la muchacha iba tomando posesión de ella y el traje oscuro del caballero se volvía por partes blanco. Una fina melodía fue surgiendo de la nada. No era otra cosa que la banda sonora aun sin componer de una película que aun no se había rodado, pero que tendría gran éxito y ganaría muchos premios desde Los Ángeles a Venecia, incluyendo el Oscar la banda sonora que en esos momentos regalaba los oídos de todo aquel que se encontraba en aquella plaza.

Cuando se encontraban a escasos metros, la dama se encontraba casi conocida y el caballero tenía un traje que se asemejaba a un tablero de ajedrez. En ese momento, de todas las ventanas comenzaron a surgir las cabezas de las vecinas, que, al oír una melodía tan sumamente deliciosa, no pudieron evitar curiosear para saber de donde venía. Se quedaron con las ganas de saberlo (no olvidéis que la música surgía de la nada), pero no perdieron ocasión de curiosear, que no cotillear pues ellas no eran de las que cotilleaban.

Finalmente nuestros amigos, después de aventuras y desventuras durante los últimos días… se unieron. Nuestra desconocida dama dejó de ser desconocida y nuestro caballero oscuro vestía un impecable traje blanco. Sus sonrías coexistían casi en el mismo espacio, separadas apenas por unos centímetros.

1 comentario:

  1. Ohhhh, que historia más bonita! me encanta eso de:
    "El viento decidía en ese preciso momento no soplar para que nada perturbara la escena y se posó junto a un puesto de flores. Desde ese día todos decían que el viento de aquella plaza tenía un olor especial."

    Una historia muy linda, felicidades Dave

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