lunes, 3 de noviembre de 2008

Deprisa...

Esta es la historia de un pobre españolito que un buen día escribió una historia corta y bastante rayante... y que por culpa del maldito corralito se quedó con las ganas. Sí señores... un servidor tenia un cuento que en la página de una editorial argentina, fue el mas votado de un total de 300 relatos... con lo cual, con los 20 primeros, merecía ser publicado en un volumen. Pero entonces la crisis argentina hizo estragos y la editorial acabó quebrando y con ella mis ilusiones de que un relato mío fuera publicado... de momento. Bueno pues allá va, espero que os guste... y que me dejéis comentarios!!!!!!!

Deprisa!
Irene abrió los ojos. Una expresión de miedo apareció en su cara. No lo podía creer. Histérica se levantó de un salto. Se vistió como pudo, apenas se había abrochado el pantalón cuando ya había salido de su habitación. Corrió por el pasillo y abrió la puerta de la calle. Sintió el suelo frío. Se miró los pies y vio que los tenía desnudos. Corrió a su habitación y se puso las zapatillas. Se las abrocho rápidamente con un nudo que no aguantaría mucho. Ni se fijó. Abrió la puerta y, esta vez sí, salió. Bajó las escaleras saltando los cinco últimos escalones de cada tramo.
Cuando salió a la calle miró a su alrededor. A las seis de la mañana aun no había nadie. Comenzó a correr a toda velocidad, las piernas no le daban para más. Los músculos de los muslos le tiraban y los gemelos se le estaban cargando.
Llegó a una enorme avenida y la cruzó corriendo, a punto de ser atropellada por uno de los tres coches que pasaban por allí. Cayó al suelo, pero no tardó en levantarse de nuevo y seguir corriendo. Las plantas de los pies le dolían porque al ir cuesta abajo, los pies golpeaban demasiado fuerte el suelo. Miró a la derecha y observó la marquesina del cine. No le dio tiempo a mirar ningún título, volvió la cabeza al frente pero era demasiado tarde. El cubo de basura cayó causando un gran estruendo. Al abrirse, los residuos se esparcieron por la acera, formando una nauseabunda capa sobre la que Irene cayó, manchándose la ropa. Sin ni siquiera mirarse las manchas se levantó y siguió corriendo. El temor se incrementó y subió el ritmo. Le dolían las piernas pero no podía parar. No, ahora no. Comenzó a llorar. Las lágrimas se acumularon en sus ojos empañándole la vista. Se llevó las manos a la cara para secarse las lágrimas, pero lo único que consiguió fue mancharse los ojos con un líquido repugnante que prefirió no identificar . Siguió corriendo casi sin vista. El dolor de las piernas era ya insoportable. Sabía que si seguía corriendo llegaría un momento en que sus piernas no responderían. Según iba corriendo, sentía que debía correr aún mas rápido. De repente pisó un bordillo y su tobillo se torció de una manera exagerada. Cayó al suelo, dándose un golpe en la boca. Los dientes cedieron un poco pero no llegaron a caerse. Intentó levantarse, apoyándose sin darse cuenta en el tobillo dañado. Cayó de nuevo. Las piernas le latían con fuerza, pero el tobillo aún más. En pocos segundos se había hinchado enormemente.
A duras penas consiguió levantarse. Con el tobillo hinchado y sangrando abundantemente la boca manchando de sangre su camiseta preferida. Se llevó a la boca y se tocó los dientes. Si, seguían todos allí, pero se movían demasiado. Escupió. Vio como caía al suelo una enorme gota de sangre. Comenzó a andar, cada vez mas deprisa. El tobillo sufría con cada paso. Comenzó a correr, todo lo deprisa que su pie le permitía. Miraba al suelo, viendo su tobillo hinchado cada vez más, como resistía cada movimiento, viendo caer una mezcla de saliva y sangre que caía sobre sus pantalones. Cuando quiso levantar la vista, era demasiado tarde para esquivar al hombre que caminaba hacia ella y que tampoco había podido evitar el choque.
Los dos cayeron al suelo. Irene, tumbada boca arriba se puso a llorar. El hombre se levantó y miró a Irene. Una expresión de estupor se dibujo en su cara. Pero no era para menos. El aspecto de Irene era patético. Tenía un tobillo extraordinariamente hinchado que sobresalía por encima de su zapatilla. Tenía la ropa manchada de basura. Sus pantalones estaban rotos a la altura de la rodilla, dejando ver una escandalosa herida que rezumaba sangre. Su camiseta repleta de basura y sangre también estaba rota. El cuello se había abierto dejando al descubierto un hombro. La cara era lo peor. Tenía la boca hinchada, de la que manaba sangre en abundancia que no podía controlar al tener completamente inutilizados los labios. Tenía la cara llena de rasguños. No tenían importancia, excepto uno en la frente que había sido mas profundo que los demás. La sangre de este corte goteaba hasta las cejas y resbalaba por su ojo originando que Irene viera todo tras una cortina roja. La mezcla de sangre y basura hacía que la cara de Irene, aparte de irreconocible fuera nauseabunda.
El hombre, ya anciano tuvo que apartar la mirada.
- Pero... ¿qué te ha pasado? -dijo mirándola por fin- ¿por qué corrías? ¿Huyes de alguien?
Irene se incorporó. Sentada, miró a su alrededor. La calle aún vacía, iluminada por unas pocas farolas, le parecía cada vez mayor. Miró al viejo a la cara. Tenía una gran barba blanca. Lo miró extrañada. Echó de nuevo una ojeada a su alrededor. Se miró la ropa, las rodillas, el tobillo. Se tocó la boca, lo que le causó un gran escozor. Se quedó pensativa.
-¿Por qué corrías?
Irene comenzó a reír. Era una risa nerviosa, casi histérica. De repente, y tan rápida como comenzó, la risa terminó. Una profunda seriedad, con mirada pensativa contrastó con las carcajadas que segundos antes habían roto el silencio. Miró al viejo.
-No lo se -contestó con la mirada perdida, casi en un susurro-.

 

- THE END -

PD: lo dicho, espero comentarios

2 comentarios:

  1. A medida que vas leyendo Deprisa la angustia y el miedo de su protagonista se instala en tu interior como si fuera tuya... será porque todos nos hemos sentido Irene en más de una ocasión en nuestras vidas, sin saber por qué huimos y de qué, la conclusión a la que llegas es que el miedo es tan irracional como nuestra reacción al mismo... En cuanto al texto destacar su fuerza descriptiva, consigue que visualices cada escena como si de una película se tratara, acabas la lectura exhausto. Saludos, Isa.

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  2. Al igual que Isa creo que la capacidad descriptiva y sobre tidi un final muy original hace al relato especial, buen comienzo pedrin, ya te ire leyendo en mi tiempo libre, se feliz,
    Alex

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